A Dios le encanta ser invitado. Le encanta aparecer en todas y cada una de las situaciones, por eso se nos dio el increíble don de Su Espíritu Santo.

Ya sea que estemos celebrando o llorando, Dios quiere estar con nosotros en cada emoción. Él no nos pediría que lloráramos con los que lloran y nos regocijáramos con los que se regocijan (Romanos 12:15) si Él no hiciera lo mismo.

Si creemos que Él nunca nos deja, podemos estar seguros de que sin importar lo que experimentemos, Él está ahí. Pero cuando estamos luchando, cuando el sufrimiento es intenso, es fácil perderlo de vista. Incluso cuando las cosas van bien, puede ser fácil olvidar Su papel en nuestras vidas y que todos estos dones son verdaderamente de Él.

Pero cuando ofrecemos orar con quienes nos rodean, podemos invitar al espíritu de Dios para que todos podamos recordar quién es Él y de quién somos. La presencia de Dios siempre nos cambiará para mejor, sin importar nuestras circunstancias.

“Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo con ellos.” ​​Mateo 18:20

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